No. 50: Primero lo primero
Juan estaba lavando su auto en la acera, frente a su casa.
Pasó por ahí, como de costumbre, el señor Cura; se detuvo y felicitó a Juan:
-¡Qué bonito se ve tu automóvil! Tiene sus años pero lo veo siempre limpio y brillante.
-¡Si supiera usted señor Cura –comentó Juan- cuánto tiempo y trabajo me cuesta! Por lo menos una hora diaria.
-El señor Cura se puso serio y dijo: “Y para tener limpia y brillante tu alma, Juan ¿cuánto tiempo gastas diariamente?
Juan no contestó, pues él casi nunca se da momentos para la intimidad con Dios y la reflexión.
Entonces el Cura concluyó: “Juan, francamente yo no quisiera ser tu alma, sino… tu automóvil…”.
Pregunta Jesús: “¿De qué le sirve al hombre ganarse al mundo, si se pierde a sí mismo?” (Mt 16, 26). |