No. 56: Ceguera del alma

La familia Corona era una familia de seis hijos. El padre la mantenía unida por medio del amor y la comprensión, pero de un día para otro el papá faltó. Con la gran pena que tenían todos, dejaron que uno de los hijos arreglara los papeles del testamento y demás. Sin que se dieran cuenta el muchacho se apoderó de los negocios del padre, y no le importó dejar a la mamá sin nada. La familia no entendió a este hermano, y desde entonces vio con tristeza cómo su vida era totalmente vacía e incomprendida por los demás, pues lo único que lo movía era el dinero y la ambición de ser muy rico.
                                     
Para él cada peso era un peso, y se las ingeniaba para averiguar la manera de despedir a sus trabajadores sin liquidación alguna, y cobraba lo que él llamaba favores, descontando el sueldo o de alguna otra manera. Su mamá se le acercó a él para decirle que su alma estaba vacía, y que estaba ciego de los dones que Dios le había dado; que se estaba quedando solo, pues la gran inteligencia que tenía la usaba en contra de los demás.

Dios nos da las habilidades para ayudar y ver por el bien de los otros, no para cegarnos creyendo que sólo nosotros importamos y que el mundo es el que está mal. En una reflexión familiar la mamá les dijo a los demás hermanos que los verdaderos ciegos son los que no encuentran la paz, porque ése afán de almacenar y almacenar dinero pese a quien le pese no es más que el vacío que se tiene en el alma, y que no se llenará hasta que se dé cuenta que ése no es el camino, hasta que abra los ojos dejando la ceguera que se ha provocado y encuentre el camino de Dios amando a los demás y entregándose, ayudando a salir adelante a quien más lo necesita, aportando su granito de arena para que todos los que colaboran con él tengan un mejor nivel de vida. La señora Corona pidió a sus hijos ayudar a su hermano a reflexionar cómo debemos ser con los demás, y por lo tanto, con nuestra familia, y a ver que esto depende de nosotros. Si entendemos que nuestro hermano está ciego, ayudémoslo como ayudaríamos a un ciego a cruzar la calle y sigamos el ejemplo de Jesús, que nos enseña a amarlos y ayudarlos.

Comisión Episcopal de Pastoral Familiar

 

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